Pues a mi me ocurre lo mismo que a ti y que a Miguel. Con los años me he conformado con simplemente estar. No me llama nada otra cosa que no sea escribir. Lo de los viajes tampoco me llama, nada como quedarme en mi entorno y disfrutar de lo que ya tengo. Puede que la edad sea la culpable, en parte, de esta «apatía», por llamarlo de alguna forma. Por cierto, gran libro el de Frankl. 😉
Puede que sea la edad, quién sabe… Pienso que, más que «apatía», quizá lo que conceden los años es cierta serenidad, por lo que no nos vemos impelidos (al menos, no con tanta urgencia) a buscar cosas que ya tenemos en lugares extraños, sean lejanos o no.
Me alegra verte de nuevo comentando, Jaime. Nos seguimos leyendo en el 2025.
Qué maravilla de texto. ¡Gracias por escribir! Justamente esta semana recomendé "El hombre en busca de sentido". Una joya. Y me encuentro ahora con esta belleza que has escrito y que me hace plantearme mil preguntas y revuelve las otras mil que ya traía sobre el amanecer del día de hoy, sobre el vuelo de los pájaros, el mecanismo que mueve todos los hilos digitales, la dulzura del olor de mi hija y la permanente insatisfacción del ser. Con tu permiso, compartiré.
Me alegro mucho de que te haya gustado Aleana. Pienso que en esas pequeñas cosas que citas (o no tan pequeñas…) se puede encontrar la trascendencia y la belleza.
Algo de lo que me he percatado con el paso de los años es que la necesidad de trascender, al igual que el deseo de conocer nuevos lugares, ha ido en un claro descenso. Cada vez estoy más contento y conforme con el simple hecho de estar. No digo que los anhelos que mencionas hayan desaparecido por completo (de ser así, seguramente no me gustase tanto leer y escribir), pero es como si estuvieran despojando de toda pasión juvenil.
Con ganas me quedo de ver qué nos traerás el domingo.
Quizá sea el paso del tiempo, Miguel, porque me ocurre algo muy parecido. Creo que la juventud nos brinda los anhelos de lograr, de alcanzar, de perseguir, que luego vamos morigerando en la edad adulta hasta congraciarnos con la idea de que lo importante es pasajero (y no por ello menos esencial).
Pues a mi me ocurre lo mismo que a ti y que a Miguel. Con los años me he conformado con simplemente estar. No me llama nada otra cosa que no sea escribir. Lo de los viajes tampoco me llama, nada como quedarme en mi entorno y disfrutar de lo que ya tengo. Puede que la edad sea la culpable, en parte, de esta «apatía», por llamarlo de alguna forma. Por cierto, gran libro el de Frankl. 😉
Un abrazo sincero. Y feliz 2025. 🤗
Puede que sea la edad, quién sabe… Pienso que, más que «apatía», quizá lo que conceden los años es cierta serenidad, por lo que no nos vemos impelidos (al menos, no con tanta urgencia) a buscar cosas que ya tenemos en lugares extraños, sean lejanos o no.
Me alegra verte de nuevo comentando, Jaime. Nos seguimos leyendo en el 2025.
Qué maravilla de texto. ¡Gracias por escribir! Justamente esta semana recomendé "El hombre en busca de sentido". Una joya. Y me encuentro ahora con esta belleza que has escrito y que me hace plantearme mil preguntas y revuelve las otras mil que ya traía sobre el amanecer del día de hoy, sobre el vuelo de los pájaros, el mecanismo que mueve todos los hilos digitales, la dulzura del olor de mi hija y la permanente insatisfacción del ser. Con tu permiso, compartiré.
Me alegro mucho de que te haya gustado Aleana. Pienso que en esas pequeñas cosas que citas (o no tan pequeñas…) se puede encontrar la trascendencia y la belleza.
Algo de lo que me he percatado con el paso de los años es que la necesidad de trascender, al igual que el deseo de conocer nuevos lugares, ha ido en un claro descenso. Cada vez estoy más contento y conforme con el simple hecho de estar. No digo que los anhelos que mencionas hayan desaparecido por completo (de ser así, seguramente no me gustase tanto leer y escribir), pero es como si estuvieran despojando de toda pasión juvenil.
Con ganas me quedo de ver qué nos traerás el domingo.
Quizá sea el paso del tiempo, Miguel, porque me ocurre algo muy parecido. Creo que la juventud nos brinda los anhelos de lograr, de alcanzar, de perseguir, que luego vamos morigerando en la edad adulta hasta congraciarnos con la idea de que lo importante es pasajero (y no por ello menos esencial).